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miércoles, 7 de noviembre de 2012

La transición española

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Las pruebas diagnósticas indican que el origen de su dolencia arranca en la transición española. Nada mejor para entenderla que la picaresca, como ha demostrado el Dr. Orejudo. Lázaro de Tormes, de origen vil y franquista, pretende alcanzar la cima de toda buena fortuna y medrar en la sociedad. Para ello debe aprender a “arrimarse a los buenos” y acomodarse a la doble moral de los poderosos. La transición la hicieron españolísimos pícaros a su semejanza. Uno más castellano, Adolfo Suárez, a la hechura de Lázaro, pues poco va del río Alberche al Tormes. Otros más andaluces, recién salidos del patio de Monipodio, pues poco va de Felipe González y Alfonso Guerra a Rinconete y Cortadillo.

Como usted sabe, en la literatura española hubo pícaros por necesidad y por hambre, como Lázaro de Tormes, y otros en cambio de buena familia que se hicieron pícaros por sed de aventura o hambre de poder, como Guzmán de Alfarache, que, antes de dejar su casa, era “muchacho vicioso y regalado”, criado en la abundancia, “cebado a torreznos, molletes y mantequillas” y “mirado y adorado”. A este segundo molde de pícaros pertenecen el resto de los indispensables para explicar la transición, como Juan Luis Cebrián o Javier Solana. 

Sólo a través de la novela picaresca clásica conseguirá usted explicarse la transición y la etiología de su dolencia. La chapuza (institucional, constitucional, territorial, etc.) de aquellos polvorientos pícaros trajo estos lodos. Sólo un tratamiento con picaresca le hará comprender cómo es posible que Juan Luis Cebrián, el director de Informativos de RTVE nombrado por la dictadura franquista, acabara siendo el director de “un diario crucial para las libertades y la democracia española” (que es como definen a El País los abajo firmantes, con Vargas Llosa a la cabeza, de la “Carta al Comité de Redacción”).  Sin haber leído novela picaresca, ¿cómo entender el sueldo de Cebrián o que Javier Solana ordenara el bombardeo de Yugoslavia (sin ningún mandato de la ONU, por supuesto), y ambos tan campantes?

No pierda la esperanza, no se considere desahuciado. Lea a los clásicos y verá que entiende mejor lo que le está pasando.

Mire usted, le voy a recetar el Lazarillo de Tormes, durante un mes, dos tomas diarias, siempre acompañadas de media azumbre de vino. Después le haremos unos análisis, antes de comenzar el tratamiento con Fortunata y Jacinta, la gran novela sobre la primera restauración borbónica (que es el troquel del cual salió la segunda restauración con el rey Juan Carlos). Le aseguro que muy pronto notará la mejoría (y las ganas de tomar el Palacio de Invierno)

Extraído del artículo de Rafael Reig "No se automedique, consuma genéricos", 7/11/1012, www.eldiario.es

   Excelente, como siempre, Rafael Reig. Podéis leer el artículo completo aquí

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